Historia bíblica · Éxodo 14
Moisés Divide el Mar Rojo
Un pueblo atrapado, un rey furioso, y un Dios que abre un camino justo en medio del mar.

Tu narrador
Contado por Tamara y familia
Tamara está contando la historia bíblica de Moisés y el Mar Rojo a niños de todo el mundo, igual que un padre le lee a sus hijos antes de dormir. Ponte cómodo y escucha.
Libres al fin
Durante cuatrocientos largos años, el pueblo de Dios había sido esclavo en Egipto. Clamaban a Dios de día y de noche. Y Dios los escuchó. Envió a un hombre llamado Moisés para sacarlos, y después de grandes señales y maravillas, el rey de Egipto, faraón, finalmente dijo: «¡VAYAN! ¡Solo váyanse!»
Y así se fueron. Cientos de miles de mamás y papás, bebés y abuelas y hermanos mayores y hermanas pequeñas, y sus ovejas y cabras y burros también, todos caminando fuera de Egipto juntos, cantando mientras avanzaban. Dios mismo los guiaba: de día en una alta nube blanca, y de noche en una alta columna de fuego.
Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube, para guiarlos por el camino; y de noche en una columna de fuego para alumbrarles; á fin de que anduviesen de día y de noche.
Día tras día caminaron. Hasta que una tarde, llegaron a un lugar donde no podían avanzar más. Frente a ellos había un mar: ancho, profundo, oscuro y salado. El Mar Rojo.
El ejército detrás de ellos
De vuelta en Egipto, faraón cambió de opinión. «¿Qué he hecho? ¡Dejé ir a todos mis trabajadores!» Llamó a su ejército. Enganchó seiscientos de sus carros más rápidos. Las ruedas retumbaban. Los caballos resoplaban. Y corrieron por el desierto tras el pueblo de Dios.
El pueblo de Dios miró detrás de ellos, y vio la nube de polvo de un ejército. Miraron frente a ellos, y vieron el mar. Estaban atrapados. Tenían miedo. Le clamaron a Moisés.
¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué lo has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto? … Que mejor nos fuera servir á los Egipcios, que morir nosotros en el desierto.
Pero Moisés no tenía miedo. Miró al pueblo, y dijo algo valiente.
No temáis; estaos quedos, y ved la salud de Jehová, que él hará hoy con vosotros … Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis quedos.
Un camino por medio del mar
Entonces Dios le dijo a Moisés que hiciera algo que nadie había visto jamás. «Extiende tu mano sobre el mar, Moisés. Yo lo abriré para ti».
La alta columna de nube flotó hacia atrás del pueblo, y se puso entre ellos y el ejército de faraón, oscura del lado de Egipto, brillante del lado de Israel. Entonces Moisés levantó su bastón sobre las aguas profundas.
Y extendió Moisés su mano sobre la mar, é hizo Jehová que la mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y tornó la mar en seco, y las aguas quedaron divididas.
Toda la noche sopló el viento. SSSSHHHHH. Cuando salió el sol, ahí estaba: un camino ancho y seco, justo por medio del Mar Rojo. El agua se levantaba a la derecha como un muro. El agua se levantaba a la izquierda como un muro. Y justo por el medio corría un camino lo suficientemente grande para todos.
El pueblo de Dios cruzó caminando: mamás y papás, bebés y abuelas, ovejas y cabras y burros, todos sobre tierra seca, con muros de agua a ambos lados.
El mar regresa
El ejército de faraón vino galopando tras ellos. Carros y caballos y soldados, corriendo justo hacia el camino entre los muros de agua. Pero las ruedas se atascaron. Los carros se hicieron más lentos. Los soldados gritaron: «¡Salgamos de aquí! ¡Jehová está peleando por Israel!»
Cuando el último del pueblo de Dios había puesto pie en la orilla lejana, Dios le dijo a Moisés que extendiera su mano otra vez. Y Moisés lo hizo. Y el agua regresó rugiendo, ¡SSSHHHOOM!, y cubrió los carros, los caballos, y el ejército que los había perseguido.
Entonces los hijos de Israel entraron por medio de la mar en seco, teniendo las aguas como muro á su diestra y á su siniestra.
El pueblo de Dios quedó a salvo en el otro lado, empapado en el rocío del mar y parpadeando bajo el sol de la mañana. Apenas podían creer lo que veían sus ojos. Así que Moisés y su hermana Miriam tomaron panderos, y cantaron. Cantaron uno de los primeros cantos de la Biblia.
Jehová es mi fortaleza, y mi canción, y hame sido por salud: este es mi Dios, y á éste engrandeceré; Dios de mi padre, y á éste ensalzaré.
Dios había hecho un camino donde no había camino. Había abierto una senda donde no había senda. Había liberado a Su pueblo.
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